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Historia en Rio Lagartos
Guerra de Castas

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El puerto de Río Lagartos no permaneció al margen de este gran sacudimiento social, que enlutó a la sociedad yucateca durante los años 1847 a 1850. A principios de 1848 numerosas familias de Valladolid, Tizimín, Espita, sucilá, Cenotillo y Dzidzantún, abandonaron sus hogares y se refugiaron en Río Lagartos, Huyendo de la acometida de los mayas que se sublevaron contra los mestizos, herederos de las costumbres y de los sistemas de explotación practicados por los encomenderos españoles, quienes durante trescientos años ejercieron toda clase de operación sobre nuestros antepasados aborígenes.

Los mayas, cansados del mal trato que recibían de los hacendados y de la esclavitud a que estaban sometidos, se levantaron en armas, azuzados por los ingleses, que desde Belice les proporcionaron pertechos y asesoramiento militar, a fin de crear el caos, para después, apoderarse de la Península de Yucatán; territorio que siempre ha despertado el interés por su posesión, tanto de los ingleses, como de los estadounidenses, quienes han visto en la Península, por su situación geográfica, un lugar estratégico desde el punto de vista militar y comercial, pues mientras los ingleses dejaban sentir sus pretenciones proporcionando pertrechos militares a los mayas de Zavala invitando a los yucatecos para que se unieran a Texas; proposición a la que los penínsulares se negaron.

pues la separación momentánea del Estado del resto del territorio nacional, sólo obedecía a una situación de carácter político provocado por el Gral. Antonio López de Santa Ana, que al asumir la Presidencia desconoció la Constitución de 1824 que establecía el Federalismo y, que el nuevo mandatario cambió por un Centralismo dictatorial, a lo que se opusieron además de Yucatán, otras Entidades de le República como: Jalisco y Zacatecas que también se separaron, y no aun mal entendido separatismo como los enemigos de Yucatán quieren hacerle creer a muchos ingenuos que desconocen la historia de su país.

La rebelión de los mayas no fue un movimiento improvisado tuvo sus raices y sus causas durante la Colonia, y estás se fueron acrecentando después de la Guerra de Independencia, debio a que el establecer la República, el gobierno no quiso ó no pudo, al menos en lo que a Yucatán se refiere, propiciar reformas sociales que desligaran a los indígenistas de sus injustas cargas tributarias; ya que los latifundios absorvieron las tierras comunales y se crearon nuevos sistemas de explotación en las haciendas henequeneras propiedad de los mestizos.

La Guerra de Independencia de Yucatán, no sólo liberó al maya de su excesiva carga, sino también de un odio acumulado durante largos años. Sin embargo, las luchas que se suscitaron entre los diferentes bandos políticos que se disputaban el poder durante los primeros años de la república, sólo sirvió para que los indígenas se adiestraran en el manejo de las armas. Cuando Don Santiago Imán se rebeló contra el centralismo impuesto por Santa Ana, pues a éste se le prometió que se les devolvería sus tierras de labranza y se les eximiría del pago de algunas contribuciones injustas; ofrecimientos que nunca fueron cumplidos y que continuaron haciéndose durante las luchas entre los Mendistas y los Barbachistas que se disputaban el poder público. Al terminar su participación, los mayas regresaban a sus hogares sin que se les retribuyera con algo su participación en la lucha, pues seguía pesando sobre ellos la carga de las constribuciones y la opresión de sus explotadores, los hacendados.

Esta situación los colocaba en calidad de esclavos, por lo que decidieron tomar las armas que los ingleses les ofrecían y se sublevaron contra sus opresoras en la madrugada del 30 de julio de 1847 en el pueblo de Tepich, advirtiendo a los gobernantes y a los esclavistas la necesidad de ser escucahados. Reunido Cecilio Chí con un puñado de hombres y el grito de rebelión en la boca y con un machete en la mano, juraron iniciar desde este momento una guerra contra sus odiados enemigos, los blancos. El 13 de marzo de 1848, los mayas en números de 30,000 armados con modernos rifles marca Winchester, de fabricación inglesa, se apoderaron de Valladolid, Ciudad que era defendida por 8,000 mestizos y que pese a su arrojo y a su valor, tuvieron que ceder ante la superioridad numérica del enemigo.

Después de la cída de la Sultana de Oriente, sus defensores se trasladaron a Tízimin con el fin de organizar la defensa de esa población, pero después de un areunión entre los principales jefes militares, decidieron trasladarse al puerto de Río Lagartos con el fin de solicitar por vía marítima, al Gobierno de Yucatán, ayuda militar y más efectivos para hacer frente a los insurrectos, que resultaban ser más numerosos y mejor pertrechados.

Los mayas, después de apoderarse de Valladolid, toman Calotmul y luego se dirigen a Tizimín donde no encontraron gran resistencia, y decidieron perseguir a los mestizos hasta Río Lagartos con el fin de aniquilarlos. El Coronel Don Sebastían Molas, se decide a organizar la defensa del puerto y darle protección a las familias que se había refugiado allí. Con el pánico y la angustia reflejados en sus rostros cuando se enteraron de que los mayas se dirigían a aquel lugar fueron trasladadas en todos los cayucos que tenían a disposición, al islote de X’kumil. Se colacaran tres cañones que se conserveban en bastante buen estado y que habían servido para combatir a los piratas, uno más en el techo de la casa de la familia Rejón (en la actulidad propiedad de la familia Massa Marrufo) y dos más a la salida de la población, es decir, en dirección al puente que unía al puerto con el camino real.

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