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CHIQUILÁ Hacia el oriente del puerto, a un kilometro aproximadamante,
se encuentra un manantial cuyas aguas forman una pequeña laguna de forma
mas ò menos circular, como de 8 metros de diametro cuyas fuerza de agua,
hasta hace 40 ò 50 años se impulsaba sobre la superficie a 50 ò
60 centimetros; como un geiser a orillas de la ría con la que se une por
un pequeño canal de donde emerge un frandoso mangle, que los bañistas
que acuden al lugar han convertido en su trampolin para lanzarse a disfrutar de
sus frescas y agradables aguas, a las que algunas personas le adjudican propiedades
curativas. Puede ser que la abundante vegetacion que la rodea al dejar caer sus
hojas en el agua, le den esa calidad; posiblemente como una secuencia de la descomposiciòn
del vegetal. Este bello y hermoso lugar que con un poco de imaginacion,
me transportan a las regiones habitadas por aquel ya legendario tarzán
de las peliculas, es conocido desde la época Colonial con el nombre maya
de Chikila, que en español según Don Eleuterio Poot Yah, reconocido
mayista quiere decir "algo que se mueve o borbujea dentro del agua".
Puede ser también que en un principio el termino era Chiquila que en castellano
quiere decir boca de agua sabrosa. Lamentablemente hay instituciones
o personas, que deseando hacer un bien perjudican, y ese fue el caso de la ya
desaparecida SAHOP que por querer convertir chiquila en un balneario popular,
elimino gran parte de la vegetacion a fin de que tengan donde estacionarse los
automoviles, sin tomar en consideracion que las gruesas raices de los magles que
circudaban la laguna eran las que le daban un bello aspecto natural y hermoso
con paisaje de selva y que ademas lo protegian del sol y le proporcionaba una
agradable sensacion de constante frescura que le permitian al visitante disfrutar
del espectaculo de la naturaleza; la que en algunos lugares es prodiga con el
hombre, que algunas veces no sabe apreciar lo que ella le da a manos llenas; y
en su afan de transformarlo todo, convierte en desagradable lo que antes era bello.
Durante todo el trayecto, el caminante no se siente solo, pues casi siempre
va acompañado del incesante canto de la cigarrera, fiel interprete de la
música del viento que guìa y orienta al bañista que busca
ancioso el fresco manantial.
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